En frío de la calle solo me acompañaba el ruido de los autos que de rato en rato pasaban, de pronto se empezó a colar por la ventana una melodía que no sabía de donde provenía, en eso veo pasar a un anciano, que con las manos en los bolsillos, avanzaba con un caminar que daba a entender que sus pasos en la vida fueron difíciles pero gratificantes.
Volteé a verlo y me sorprendió como de sus labios salía un silbido que se convertía en una bella sinfonía la cual por un instante, alegró este inquieto corazón.
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